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Geopolítica, tecnología y poder

A falta de pan, casabe: la promesa de La Meca

Arabia Saudita, Turquía y Pakistán acaban de firmar una promesa de defensa colectiva. No es una “OTAN musulmana”: es la búsqueda de una capa propia de seguridad más allá de las garantías existentes.

En el imaginario popular cubano hay una frase que dice mucho con muy poco: “A falta de pan, casabe”.

Puede leerse como resignación frente a lo que no tenemos. Pero siempre me ha interesado más lo que revela sobre la capacidad de buscar alternativas. La necesidad sigue ahí; si una respuesta falta o resulta insuficiente, hay que encontrar otra.

Pensé en ese viejo refrán al leer lo ocurrido el 7 de agosto en La Meca.

Mohammed bin Salman, Recep Tayyip Erdoğan y Shehbaz Sharif acababan de firmar el Makkah Joint Defence Agreement. Su cláusula central es inequívoca: un ataque armado contra cualquiera de Arabia Saudita, Turquía o Pakistán será considerado un ataque contra los tres.

Un día después, el ministro turco de Exteriores, Hakan Fidan, llevó la comparación hasta el modelo de defensa colectiva más conocido del mundo. Dijo que el nuevo pacto era técnicamente equivalente al Artículo 5 de la OTAN.

Era cuestión de tiempo para que apareciera el titular: una “OTAN musulmana”.

Pero el casabe no necesita convertirse en pan para cumplir su función.

Quizá esa sea una mejor manera de entender lo que acaba de comenzar en La Meca.

La necesidad antes que la alianza

La seguridad es una de esas necesidades que los Estados no pueden dejar sin respuesta.

Turquía ya pertenece a la OTAN y está protegida por su sistema de defensa colectiva. Arabia Saudita mantiene una profunda relación militar con Estados Unidos y en noviembre de 2025 firmó con Washington un nuevo Strategic Defense Agreement. Pakistán, por su parte, posee sus propias alianzas, capacidades militares y relaciones estratégicas.

Por eso sería un error describir el Pacto de La Meca como el nacimiento de una seguridad regional sin Estados Unidos o como una alternativa destinada simplemente a sustituir a la OTAN.

Lo interesante es algo más matizado.

Tres países que ya disponen de relaciones y mecanismos de seguridad distintos han decidido añadir otro: uno construido entre ellos y basado explícitamente en la defensa colectiva.

Ese es el casabe de esta historia.

No la ausencia completa de pan, sino la decisión de no depender de una sola respuesta para una necesidad demasiado importante.

Lo que realmente se firmó

La declaración oficial publicada por el Ministerio de Exteriores de Pakistán es breve. El acuerdo busca fortalecer la disuasión colectiva, establece que un ataque armado contra uno de los tres Estados será considerado un ataque contra todos y prevé ampliar la cooperación en defensa.

No es solo una fotografía diplomática.

Las declaraciones posteriores de Fidan añadieron algunos elementos institucionales. Reuters informó que se creará un comité de ministros y una secretaría general con sede en Arabia Saudita. Erdoğan quiere además ampliar el pacto y Egipto aparece ya como posible candidato.

Hay, por tanto, algo más que una declaración de amistad entre tres gobiernos.

Pero todavía hay bastante menos que una OTAN.

Parecerse al Artículo 5 no es ser la OTAN

La comparación formulada por Fidan no es absurda.

El Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece que un ataque armado contra uno o varios miembros será considerado un ataque contra todos. En ese punto, la semejanza con el acuerdo firmado en La Meca es evidente.

Existe incluso otra similitud que suele perderse.

El Artículo 5 no obliga automáticamente a todos los miembros de la OTAN a declarar la guerra. Cada aliado debe asistir al país atacado mediante las acciones que considere necesarias, entre las que puede estar el empleo de la fuerza.

Fidan explicó un margen comparable para La Meca: ante una agresión, los miembros consultarían el grado, la forma y el formato de la ayuda requerida.

Por eso no basta con afirmar que “la OTAN obliga” mientras que La Meca solo expresa buenas intenciones.

La diferencia decisiva está en lo que existe detrás de la cláusula.

La OTAN firmó su tratado en 1949, pero tampoco nació con toda la maquinaria militar que hoy asociamos a esas cuatro letras. En 1950 sus miembros acordaron crear una fuerza integrada bajo mando centralizado y al año siguiente comenzó a operar SHAPE, el cuartel general del mando aliado en Europa, según la historia oficial de la organización.

Después llegaron décadas de planificación conjunta, estructuras permanentes de mando, ejercicios, estándares comunes e interoperabilidad.

La Meca está apenas al comienzo de ese recorrido.

Fidan ha dicho que los detalles operativos se definirán en la primera reunión del comité ministerial. Hoy no conocemos públicamente una estructura de mando militar integrada, procedimientos conjuntos de planificación o reglas concretas para responder a un ataque. Tampoco existe evidencia pública suficiente para convertir el hecho de que Pakistán sea una potencia nuclear en la afirmación de que Arabia Saudita y Turquía hayan quedado bajo un paraguas nuclear pakistaní.

La cláusula se parece al Artículo 5.

La maquinaria todavía no.

Una alternativa no tiene que ser una copia

Ahí es donde la imagen del casabe adquiere para mí un sentido más interesante.

El casabe no es un intento fallido de hacer pan. Es otra respuesta a una necesidad semejante, construida con otros recursos y desde otra tradición.

El Pacto de La Meca podría terminar funcionando de una manera parecida.

No necesita reproducir la estructura de la OTAN para adquirir importancia. Puede desarrollar mecanismos de cooperación, inteligencia, defensa aérea, planificación o disuasión propios. Puede permanecer como una alianza limitada entre tres Estados o crecer hacia una estructura regional más amplia.

Todavía no lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que no parte de cero. Reuters documenta décadas de cooperación militar entre Pakistán y Arabia Saudita, así como relaciones crecientes de defensa entre Turquía y los otros dos miembros.

Lo nuevo es que esas relaciones han sido colocadas bajo una promesa común.

Y una promesa de defensa también tiene valor antes de que exista toda la maquinaria destinada a cumplirla. Obliga a los firmantes a asumir un costo político si deciden ignorarla y pretende introducir una nueva variable en el cálculo de quienes contemplen una agresión.

Pero la palabra clave es credibilidad.

La disuasión no depende solamente de lo que alguien promete hacer. Depende de que el adversario crea que tiene capacidad y voluntad de hacerlo.

La prueba comienza después de la firma

Por eso las próximas señales importantes probablemente serán menos espectaculares que la ceremonia de La Meca.

Habrá que observar qué poderes recibe el comité ministerial. Cómo funcionará la secretaría permanente. Si aparece planificación militar conjunta. Qué inteligencia están dispuestos a compartir. Si coordinan defensas contra misiles y drones. Qué ejercicios realizan. Si Egipto u otros Estados terminan incorporándose.

Cada uno de esos movimientos nos dirá si estamos ante una declaración política importante o ante el comienzo de una nueva arquitectura regional.

Llamarla ahora “OTAN musulmana” adelanta una conclusión que la evidencia todavía no permite sostener.

Ignorarla porque aún no posee la estructura de la OTAN cometería el error contrario.

A falta de pan, casabe.

Arabia Saudita, Turquía y Pakistán han decidido que una necesidad tan básica como su seguridad merece más de una respuesta. La primera crisis que obligue a uno de ellos a pedir ayuda mostrará si lo firmado en La Meca fue solamente una promesa o el comienzo de una alternativa capaz de sostenerla.