
PISA 2025, una reunión de padres y el riesgo de modernizar la escuela sin responder por el aprendizaje
Hace unos días, durante la reunión habitual de padres, revisábamos el retroceso de los alumnos en Matemática. Los profesores reconocían que existía una dificultad real y que los resultados habían descendido.
Pensé que ese sería el centro de la reunión.
No lo fue.
La mayor parte del tiempo se destinó a las actividades extraescolares y a organizar las próximas olimpiadas. El problema del aprendizaje ocupó apenas unos minutos. Fue reconocido, pero no explicado ni acompañado por un plan que permitiera saber qué había ocurrido, qué se haría para corregirlo y cómo comprobaríamos si la respuesta había funcionado.
Yo no estaba allí como especialista en educación ni buscando material para un artículo. Estaba como padre, esperando saber qué estaba ocurriendo con el aprendizaje de nuestros hijos.
En algún momento, los profesores también hablaron de inteligencia artificial. Mencionaron la capacitación que habían recibido y la necesidad de incorporar estas herramientas a la educación. La noticia debería haberme parecido alentadora. Sin embargo, una pregunta se volvía difícil de evitar: ¿cómo puede una escuela prepararse para utilizar inteligencia artificial y no tener todavía una respuesta concreta ante el retroceso de sus alumnos?
La innovación y la recuperación del aprendizaje no son incompatibles. La contradicción aparece cuando una dispone de cursos, discursos y entusiasmo, mientras la otra solo recibe unos minutos en la agenda.
Los resultados que llegaron después
Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre, convirtieron aquella inquietud doméstica en una pregunta mucho mayor. En Perú, el desempeño de los estudiantes de quince años descendió nueve puntos en Matemática y dieciocho en Lectura respecto de 2022. Ciencias se mantuvo prácticamente estable.
Los promedios pueden parecer una abstracción. Las proporciones son más difíciles de eludir. Solo el 30 % alcanzó al menos el nivel básico en Matemática; en Lectura lo consiguió el 42 % y en Ciencias, el 47 %. Siete de cada diez estudiantes peruanos no demostraron la competencia matemática mínima y casi seis de cada diez no alcanzaron el umbral básico de comprensión lectora.
La comprensión lectora evaluada por PISA no consiste simplemente en pronunciar correctamente las palabras. Exige identificar la idea principal de un texto, localizar información y reflexionar sobre su propósito y su forma. Son precisamente algunas de las capacidades necesarias para examinar una respuesta producida por inteligencia artificial y decidir si es pertinente, incompleta, sesgada o falsa.
El retroceso tampoco es exclusivamente peruano. Argentina perdió trece puntos en Ciencias, doce en Lectura y once en Matemática. México retrocedió siete puntos tanto en Lectura como en Matemática. Chile descendió en estas dos áreas y mantuvo estable su desempeño científico. Costa Rica permaneció estancada. Brasil y Colombia conservaron resultados similares en Matemática, pero continúan muy por debajo del promedio de la OCDE; Colombia, además, perdió nueve puntos en Lectura. Uruguay consiguió una mejora significativa en Ciencias, una de las pocas noticias favorables de la región.
Hay un matiz histórico importante. Cuando el Banco Interamericano de Desarrollo estudió las tendencias de largo plazo con los resultados de PISA 2022, encontró solo tres países latinoamericanos con una evolución positiva en Matemática: Perú, Brasil y Colombia. Eran las tres excepciones dentro de una región estancada o en retroceso. Pero los nuevos resultados impiden convertir aquella excepción en una victoria: Perú volvió a caer, mientras Brasil y Colombia permanecen en niveles bajos. La mejora acumulada importa, pero no garantiza continuidad.
América Latina ha ampliado el acceso a la educación con mayor rapidez de la que ha conseguido garantizar el aprendizaje. Y ahora pretende incorporar una tecnología que exige todavía más capacidad de lectura, razonamiento y verificación.
Una adopción que ya ocurrió
Mientras las competencias fundamentales retroceden o se estancan, la inteligencia artificial ya está dentro del aula, aunque las instituciones todavía discutan cómo introducirla.
En Perú, el 54 % de los estudiantes afirmó utilizar chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender, frente al 46 % del promedio de la OCDE. El 43 % los usa para investigar inicialmente un tema; el 40 %, para resumir un texto que debía leer; y el 36 %, para redactar trabajos escritos. En cada uno de estos usos, el porcentaje peruano supera el promedio de la OCDE. Apenas el 8 % declaró que nunca o casi nunca utiliza estas herramientas para las tareas escolares examinadas.
La adopción ya ocurrió. Lo que no está claro es si también ocurrió el aprendizaje necesario para gobernarla.
La tentación inmediata sería establecer una ecuación sencilla: aumenta el uso de inteligencia artificial y disminuye el aprendizaje; por tanto, la IA sería responsable del retroceso.
Los datos no permiten afirmar eso.
PISA identifica asociaciones, pero no demuestra causalidad. Los estudiantes que más utilizan estas herramientas pueden hacerlo precisamente porque ya encuentran mayores dificultades. También intervienen factores como la recuperación pospandemia, la calidad de la enseñanza, el ausentismo y la desigualdad. Confundir correlación con causalidad sería utilizar los resultados con el mismo descuido crítico que decimos querer corregir.
Pero descartar cualquier relación también sería irresponsable. La OCDE encontró que los alumnos que no emplean chatbots para sustituir tareas específicas suelen superar a quienes sí lo hacen. Los usuarios moderados y deliberados presentan resultados distintos de quienes recurren a ellos intensivamente. La frecuencia importa, pero también el propósito y la mediación del profesor.
Importa menos si la IA mejora o empeora la educación que qué actividad intelectual estamos delegando, en qué momento, y con qué capacidad conserva el estudiante para evaluar el resultado.
Una herramienta que resume un texto puede liberar tiempo a quien ya sabe leer, distinguir lo esencial y comprobar la fidelidad del resumen. En manos de un alumno que todavía no domina esas capacidades, puede reemplazar exactamente el ejercicio que necesitaba realizar para desarrollarlas.
Aquí aparece el riesgo más difícil de observar: la inteligencia artificial puede mejorar el producto visible mientras sustituye el proceso intelectual que debía producirlo. Un trabajo mejor redactado no prueba que quien lo entregó haya pensado más, y la escuela, ocupada en calificar el resultado, puede terminar confundiendo la calidad de la respuesta con evidencia de aprendizaje — una confusión más fácil de cometer cuanto mejor escribe la máquina.
Dicho de otro modo: la misma herramienta que amplifica una capacidad ya instalada puede, en un estudiante que todavía no la tiene, disimular que no existe.
La modernización como distracción
Vuelvo a la reunión. Las olimpiadas y la capacitación tecnológica pueden enriquecer la educación. El problema es que las instituciones administran con mayor facilidad aquello que puede organizarse que aquello que debe comprenderse.
Es más sencillo fijar una fecha o acreditar una capacitación que explicar por qué una generación está leyendo peor. La actividad produce fotografías y sensación de movimiento. Recuperar el aprendizaje exige diagnóstico y trabajo persistente. Una es visible. La otra es decisiva.
Aquella reunión no demuestra un fracaso general de la escuela peruana. Sería abusivo convertir una experiencia particular en evidencia nacional. Sí revela prioridades que PISA obliga a cuestionar. Cuando una dificultad reconocida recibe unos minutos y ninguna respuesta verificable, el problema también es institucional.
Capacitar a los docentes puede ser necesario, pero la capacitación es un insumo, no un resultado. Su valor debe medirse por los cambios que produce en la enseñanza y el aprendizaje.
América Latina enfrenta una tentación conocida: creer que una tecnología nueva permitirá saltarse las reformas difíciles que nunca terminamos de completar. Podemos repetirla ahora con herramientas mucho más potentes.
Pero no hay un atajo tecnológico alrededor de la comprensión lectora, el razonamiento matemático o la capacidad de evaluar evidencias. En la era de la inteligencia artificial esas competencias no se vuelven antiguas. Se vuelven más importantes.
Antes de pedir respuestas
La adopción responsable de IA debería comenzar por una regla: la herramienta no puede sustituir la operación mental que la actividad pretende enseñar. Para aprender a resumir, el estudiante debe leer, seleccionar y justificar antes de pedir un resumen automático. Para resolver un problema, debe proponer un procedimiento antes de consultar otra solución.
Eso exige rediseñar tareas y evaluaciones, establecer planes de recuperación con metas medibles y rendir resultados a las familias. Hay que responder qué habilidad está rezagada, qué intervención se aplicará y cuándo volverá a medirse.
La alfabetización en inteligencia artificial comienza antes del prompt: comienza con la capacidad de leer con atención, formular una pregunta propia, distinguir evidencia de opinión y sostener un juicio incluso cuando la máquina ofrece una respuesta convincente.
PISA no prueba que la inteligencia artificial esté haciendo retroceder a nuestros estudiantes. Pero, leídos en conjunto, los datos muestran que una gran parte de ellos está entrando en la era de la IA sin haber consolidado las capacidades fundamentales para utilizarla con independencia.
Ese es el verdadero desfase: no ocurre entre una escuela antigua y una tecnología nueva, sino entre la velocidad con la que incorporamos herramientas y la lentitud con la que respondemos por el aprendizaje.
Los profesores de aquella reunión podían hablar de la capacitación que habían recibido. Los padres podíamos escuchar el calendario de las olimpiadas. Pero la pregunta central permaneció sin respuesta: ¿qué haremos ante el retroceso de los alumnos?
La inteligencia artificial puede esperar unos minutos en la agenda. Esa pregunta, no.
Fuentes principales
- OCDE, PISA 2025 Results, Volume I: Future-Ready Students, 8 de septiembre de 2026.
- OCDE, PISA 2025 Results: Peru Country Note, 8 de septiembre de 2026.
- OCDE, Students’ use of artificial intelligence for schoolwork, 2026.
- BID, PISA 2022: ¿Cómo le fue a América Latina y el Caribe?, 5 de diciembre de 2023.