Por YJ. Montenegro — Lentes Prestados

Irán presentó a Estados Unidos una hoja de ruta de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz. Según la versión expuesta por el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, Washington debía levantar el bloqueo naval de los puertos iraníes, permitir las ventas de petróleo —Associated Press lo describe como una exención de las sanciones petroleras— y aceptar un cese del fuego que incluyera el frente del Líbano. Al término del plazo, Teherán reabriría plenamente el estrecho y se retomarían las negociaciones, incluidas las del programa nuclear. Trump anunció que había rechazado la propuesta y, según Reuters, afirmó que Irán quería un acuerdo porque estaba perdiendo por amplio margen. Araqchi respondió que Teherán todavía esperaba la respuesta formal de los mediadores e insistió en que la diplomacia seguía siendo la única salida. Al día siguiente, Trump dijo a Axios que esperaba nuevas conversaciones en los próximos días, aunque aclaró que lo que Irán propone «no es el acuerdo que quiero hacer».
El titular «Irán ofreció paz y Trump dijo no» resulta atractivo porque nos entrega de inmediato un bando por el cual inclinarnos. De niños aprendimos a mirar el mundo a través de historias con buenos y malos, y esa división cumplía una función: nos ayudaba a formar valores cuando todavía no sabíamos nombrar todos los matices. El héroe encarnaba lo que merecía admiración, y cualquier cosa que se pareciera al villano quedaba bajo sospecha. Esa manera de mirar no nos abandona del todo. Las series y las telenovelas —tan queridas por el público latinoamericano— hacen a sus personajes un poco más complejos, pero conservan el mismo impulso de indicarnos por quién sufrir, a quién creer y contra quién indignarnos, porque alguien detrás de la cámara decidió hacia qué lado conducir nuestra simpatía.
Fuera de la pantalla, la realidad rara vez concede esa comodidad. Frente a Ormuz, la pregunta sobre quiénes son los buenos parece sencilla, aunque quizá esté mal formulada. En el estrecho nadie está representando una novela moral: allí se negocian poder, supervivencia económica y la capacidad de hacer que otros paguen.
Una propuesta de paz que no era exactamente paz
No conocemos el texto íntegro de la propuesta. Sus términos han llegado mediante declaraciones iraníes, personas presentes en reuniones durante la Asamblea General de las Naciones Unidas y comunicaciones transmitidas por Qatar. Lo que se ofreció fue una secuencia de concesiones para iniciar una desescalada, algo bastante más modesto que la paz completa que sugiere el titular. La diferencia importa.
Lo que cada parte llama una concesión
Irán no ofreció abrir Ormuz sin condiciones. Propuso dejar de restringir una vía internacional a cambio de que Estados Unidos dejara de asfixiar sus exportaciones. Washington tampoco planteó levantar el bloqueo como gesto gratuito: pretende convertir esa presión en concesiones sobre el programa nuclear iraní. Cada parte intenta cobrar por retirar la mano que mantiene sobre el cuello del adversario.
Teherán necesita recuperar ingresos petroleros, pero también conservar su principal instrumento de presión, y abrir el estrecho antes de recibir algo a cambio le haría perder una palanca decisiva. Washington, convencido de que la presión está funcionando, teme aliviarla antes de obtener compromisos nucleares verificables; levantar el bloqueo primero equivaldría a renunciar a la ventaja que cree haber conquistado. Ninguno quiere ceder, pues ambos interpretarían el primer movimiento como prueba de que la coerción del contrario funcionó.
La desconfianza tampoco nace de la nada. Un memorando acordado en junio contemplaba medidas parecidas y, como recuerda Associated Press, terminó derrumbándose. Aquel antecedente obliga a preguntar qué garantías existen para que esta vez se cumpla lo prometido. ¿Quién verificaría la reapertura y cuándo comenzarían exactamente las conversaciones nucleares? ¿Qué ocurriría si una de las partes incumple en el cuarto o el sexto día? A eso se suma que Washington difícilmente puede garantizar por sí solo un cese del fuego que involucra al Líbano, Israel, Hezbolá y otros actores. Siete días parecen un plazo breve. En realidad, contienen demasiadas guerras.
El miedo nuclear y la obligación de ser precisos
Comparto el temor a que el régimen iraní llegue a disponer de un arma atómica. No es un miedo menor ni imaginario. Irán acumuló uranio enriquecido a niveles que provocaron una seria preocupación internacional, restringió la cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica y dejó vacíos de verificación que la propaganda no puede llenar.
Precisamente porque el peligro es real, debemos expresarlo con cuidado. Afirmar que un Irán nuclear constituiría una amenaza grave es razonable. Asegurar que lanzaría una bomba con la misma facilidad con la que ha utilizado Ormuz como instrumento de guerra exige una prueba de intención que hoy nadie puede ofrecer. La conducta iraní ofrece motivos para la desconfianza, pero no nos autoriza a presentar una conjetura como un hecho.
Tampoco la preocupación nuclear convierte automáticamente en prudente cualquier decisión de Washington. Exigir controles, inspecciones y límites verificables es razonable. Rechazar una oportunidad de desescalada solo porque el adversario está debilitado puede ser una estrategia, y también puede prolongar una guerra cuyo costo no pagan únicamente quienes la dirigen.
El mundo atrapado en el estrecho
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, por Ormuz pasaban unos 20,9 millones de barriles diarios de petróleo en el primer trimestre de 2025. En el segundo trimestre de 2026, el volumen cayó a 4,9 millones, más de tres cuartas partes menos. La cifra traduce la guerra a la vida cotidiana. Irán pierde ingresos por el bloqueo, los países del Golfo ven limitada su capacidad de exportación y los mercados petroleros han reaccionado a cada interrupción con una sacudida que termina llegando a consumidores de medio mundo. No todos pierden en la misma medida: Estados Unidos asume el costo militar del bloqueo, pero gana a la vez influencia sobre el paso. El estrecho funciona así como una máquina que reparte las pérdidas y los beneficios del conflicto.
Qatar ayuda a mediar, pero tampoco es un espectador sin intereses. El 8 de septiembre, su cancillería calificó la reapertura inmediata e incondicional del estrecho como una «prioridad máxima». Su economía depende de que las rutas energéticas de la región no permanezcan secuestradas por una disputa ajena, de modo que los mediadores también negocian por su propia respiración. Mientras Teherán y Washington deciden quién debe pestañear primero, millones de personas que no votaron por ninguno de los dos pagan parte de la factura.
Dos gobiernos y sus cortinas de humo
El régimen iraní presenta como resistencia heroica decisiones que perjudican también a su propia población. Tras el rechazo de Trump, el comandante en jefe del Ejército iraní declaró, según Reuters: «Si Irán no puede comerciar, si Irán no puede vivir, nadie podrá comerciar ni vivir». Es una amenaza pronunciada con lenguaje de dignidad, y esa propaganda busca que toda concesión parezca honor y todo fracaso, sacrificio. Por eso la palabra «paz» en boca de Teherán no garantiza una disposición a renunciar a sus instrumentos de presión.
Trump tampoco es un narrador confiable. Convierte la diplomacia en espectáculo, exagera victorias, reduce procesos complejos a la voluntad de un solo hombre y utiliza la declaración pública como herramienta de negociación. Su rechazo ante las cámaras, como él mismo mostró al día siguiente, no cerró el canal diplomático.
Ambos necesitan una historia para sus ciudadanos. La iraní habla de un país que resiste una agresión imperial y obliga al enemigo a negociar; en la que cuenta Trump, Estados Unidos controla el estrecho, Irán está derrotado y cualquier acuerdo futuro será fruto de su firmeza. Cada una contiene fragmentos de verdad, aunque ninguna alcanza por sí sola para comprender el conjunto.
Mirar sin escoger un héroe
Es posible querer que Irán nunca posea un arma nuclear y, al mismo tiempo, exigir que Estados Unidos explique qué condiciones aceptaría para terminar la guerra. Reconocer que Teherán utiliza Ormuz como rehén económico no obliga a asumir que toda presión estadounidense es justa o inteligente, y desconfiar de Trump tampoco supone concederle al régimen iraní una superioridad moral que no merece. Esa postura, lejos de la neutralidad, consiste en negarse a entregar el juicio propio a los guionistas de cada bando.
Más útil que decidir quién merece el papel de héroe es preguntarse qué acuerdo puede abrir el estrecho, reducir la violencia y someter el programa nuclear iraní a controles verificables sin premiar nuevas agresiones, y quién vigilará su cumplimiento. También importa qué precio pagará el mundo si las partes vuelven a utilizar la negociación solo para ganar tiempo.
Ojalá esta propuesta, o la conversación que sobreviva a su rechazo, abra un camino hacia la paz. Desear que funcione no nos obliga a creer cada palabra de quienes la negocian, y la desconfianza no debería impedirnos reconocer una oportunidad cuando aparezca.
Lo básico lo aprendimos de niños, cuando las historias nos enseñaron a distinguir lo que merece admiración de lo que conviene evitar. Las cortinas de humo quedaban fuera de aquellos relatos porque estorbaban a la moraleja, y aprender a reconocerlas es algo con lo que tenemos que lidiar de adultos. Conviene seguir mirando, pero también limpiar los ojos y apartar el humo con las manos.
Fuentes consultadas
- Associated Press/Euronews, Iran proposes plan to US to reopen Hormuz in seven days and end the war, 25 de septiembre de 2026.
- Axios, Trump says he rejected the latest Iranian proposal, 26 de septiembre de 2026.
- Reuters, Iran insists on diplomatic solution after Trump rejects peace plan, 27 de septiembre de 2026.
- Axios, Trump says negotiations with Iran expected this week despite rejecting latest proposal, 27 de septiembre de 2026.
- Axios, Full text of U.S.-Iran memorandum of understanding, 17 de junio de 2026.
- Administración de Información Energética de Estados Unidos, Global Energy Security Data, 12 de agosto de 2026; y Petroleum markets responded to disruptions in the Middle East in the second quarter, 15 de julio de 2026.
- Agencia de Noticias de Qatar, Qatar Foreign Ministry Warns Against Normalizing Regional “No War, No Peace” Status, 8 de septiembre de 2026.
- Organismo Internacional de Energía Atómica, informe sobre verificación y supervisión en Irán, 11 de septiembre de 2025.